En cuatro días una ciudad se da a conocer muy poco. La mayoría de las ciudades son reservadas, y lo mejor de ellas se conoce después de haberlas tratado o visitado o caminado mucho. Amsterdam, en cambio, no parece tan reservada. El primer día, en el centro de la ciudad (zona turística donde las haya), descubrimos un restaurante japonés a buen precio y buenísimo. Las ciudades reservadas esconden lo bueno para mostrarlo a sus conocidos, en cambio, las que no lo son, lo comparten con todos. Y Amsterdam lo muestra todo, sin miramientos. Seguro que, como pasa con todas las ciudades, se necesita tiempo para conocer bien la capital de los Países Bajos, pero poco. Amsterdam no tiene complejos y, a primeras, se muestra tal y como es: encantadora, atenta, ordenada dentro del caos, atrevida, arriesgada. No parece una ciudad que intente caer bien a los turistas simplemente porque no le hace falta; tiene cualidades y virtudes suficientes para contentar a todos.

Lo que más me ha cautivado de la ciudad son las fachadas de las casas. Creo que, junto con los canales, las casas estrechas y coloridas de Amsterdam son el encanto de la ciudad. Después están las bicicletas, que, de verdad, me han parecido muy elegantes. Como ya iba informada de que en Amsterdam si no tienes bici no eres nadie no me ha sorprendido ver a tanta gente circulando con bici; lo que me ha sorprendido es que tanta gente utilice este ligero transporte con el frío que hace en la ciudad. No me extraña que luego sus ciudadanos se pasen el día comiendo… Y comiendo todo tipo de comida. La carne argentina les encanta, al menos en las calles del centro hay varios restaurantes argentinos y uruguayos. También les gusta la comida italiana y todo lo que sea oriental: chino, japonés, tailandés, etcétera. Son muy cosmopolitas con los alimentos. En cambio, con la bebida ya es otra cosa: sus cervezas que no se las toquen, y que así sea. Tienen cervezas de cuerpo 10, nada que ver con la estrella o la Moritz. En este viaje la triunfadora ha sido la Grolsch.
El barrio rojo es, sin duda, lo que diferencia a Amsterdam de otras ciudades europeas. Prostitutas que posan detrás de escaparates como si de objetos de museo se tratase y coffe shops muy bien habilitados para poder relajarse: por tres euros te venden un porro de maría bien liado y consistente. En fin, qué decir del famoso barrio rojo: todo un espectáculo al aire libre, sólo le faltan mujeres bailando el can-can por la calle (su particular Moulin Rouge ya lo tienen).

La parte más cultural del viaje ha sido la visita al museo Van Gogh, donde hacían una exposición sobre la Barcelona modernista (Barcelona 1900). He salido con el catálogo de la exposición bajo el brazo para enterarme mejor del arte de mi ciudad (y de cómo se muestra). También hemos visto los cuadros expuestos de Van Gogh, pero definitivamente me he dado cuenta de que su pintura no me gusta, demasiado abstracta para mi gusto (o para mi mente). El Café Americain y el de l’Europe han sido las otras dos atracciones culturales. El primero, más bonito y grande que el segundo; el segundo, exageradamente caro. El sábado, caminando por el puerto de la ciudad, nos encontramos por casualidad un blanco edificio enorme: una biblioteca de 7 pisos abarrotada de libros, diarios de todo el mundo, cd’s, películas, internet gratis… y en el piso más alto, un comedor con terraza y vista panorámica de Amsterdam. Una biblioteca con mucho espacio, muchos ordenadores y mucha luz blanca. El último día (o sea, ayer) visitamos la casa de Ana Frank. Faltaban todos los muebles de las diversas estancias, exceptuando (supongo que sería una réplica) la estantería corrediza que escondía el otro lado de la casa, el gran escondite; La casa de atrás, así es como Ana Frank quería titular su primer libro.

Y la naturaleza. Una ciudad preocupada por no contaminar no puede prescindir de un bonito parque: el Volton Park. El parque es grande teniendo en cuenta las dimensiones de la ciudad y tanto la vida animal como la vegetal están muy bien cuidadas. Un lago enorme, sauces llorones, patos, cisnes, varias especies de aves… y tranquilidad: aquí ni los tranvías ni las bicis te pueden atropellar.

Finito. ¿Una definición de la ciudad? Vale: Amsterdam es como una mujer que, aburrida de pensar al estilo de las mujeres retratadas por Rembrandt, sale a la fría calle a pedalear, a disfrutar, a reír y a deslumbrar.
Finally, in the language of the tourist community, I just want to thank you for this trip, for every beer, every coffee (macchiato), every walk and every moment.
Foto 1: Un canal de cuyo nombre no me acuerdo.
Foto 2: Lámpara art decó del Café Americain.
Foto 3: Parte del lago del Vondol Park.
Foto 4: Estatua con gafas.