jueves 5 de junio de 2008

Bajo el agua

Acabo de llegar empapada a casa. Muy empapada. Empapadísima. Cuando llueve, si me estoy dirigiendo a casa no me importa llegar mojada, al contrario, ralentizo el paso y camino por el centro de la acera para evitar que los balcones de los edificios me corten la caída del agua. No es que no use paraguas, lo uso, pero si se sale por la mañana de casa y en ese momento hace un día soleado y primaveral a una no se le pasa por la cabeza coger el paraguas... Pero es igual, si el día ya ha acabado y se pone a llover me gusta mojarme.
Hace creo que dos años cayó un diluvio muy bestia en Gracia, justo (como no) cuando se celebraban las fiestas del barrio. Pues bien, después de una noche de baile y alcohol se puso a llover con tal fuerza que ni nos molestamos en abrir el paraguas. Os aseguro que llegué a casa como si acabara de salir de una piscina. Fue genial. Otra verano, en cambio, la experiencia bajo el agua fue incluso mejor. Me estaba bañando en una piscina descubierta y de repente se puso a llover. Como ni la amiga con la que estaba ni yo teníamos paraguas y no queríamos esperar a que acabara de llover para poder llegar a casa, nos pusimos a caminar por la ciudad tal y como salimos de la piscina: sólo con el bikini puesto. Creo que nunca he escuchado tantos piropos seguidos en tan poco tiempo. Caminar bajo la lluvia mientras te descojonas debería de estar considerado como una especie de terapia psicofísica.
Pero la mejor ocasión en la que he disfrutado de la lluvia fue hará ya unos 8 años en un Sant Joan en Comarruga. Estaba en casa de una amiga con más gente y de repente se puso a llover a cántaros. No nos costó decidirnos: miramos el mar, nos miramos mutuamente y nos pusimos a correr hacia la playa. Fue genial notar el contacto de los pies con la arena mojada. Seguimos corriendo hasta que llegamos a la orilla. El mar estaba tranquilo, casi no había olas y no se escuchaba nada, sólo las gotas conseguían romper la calma. Nos detuvimos justo antes de hacer la entrada; nos quedamos paradas (ya totalmente mojadas) mirando la masa uniforme y negra en la que se convierte el mar cuando se hace de noche y ni siquiera la luna (escondida tras las nubes) lo consigue iluminar. Después de unos segundos, nos pusimos a correr de nuevo y nos tiramos de cabeza al agua, sin pensarlo, riéndonos no sé di de frío o de emoción. Y allí nos quedamos un largo rato, nadando y buceando en la oscura agua marina mientras las gotas celestiales caían con fuerza y nos hacían una extraña pero muy recomendable compañía.

4 comentarios:

Noctas dijo...

Tu bello escrito me ha recordado la peli Cantando bajo la lluvia i aquel baile sensacional de Gene Kelly..SALUDUS

éter dijo...

parece que fue otra vida cuando pasaban esas cosas, yo a veces también tengo recuerdos.

beso

andrea dijo...

es cierto lo que dice gis, parece que hables de otra vida.

Qué triste joder.
Cómo me ha gustado el post.

Anónimo dijo...

No esta mal lo del bikini bajo la lluvia por las ruas de la city. Deberias haber estado ayer por las ruas de Neustift (Austria), rodeada de montanas preciosas y caminando bajo las gotas de una lluvia suave acompanada de penetrantes olores de una maravillosa verde hierba.
besitos.