Hace una semana llegué a mi nueva morada: la residencia de estudiantes de la Universidad de Sussex (Sussex es el condado donde se encuentra Brighton). Es un campus grande, bastante grande, una especie de mini pueblo con pubs (dos o tres), supermercados (dos), cafeterías (dos), wash&dry, teatros (dos), muchas facultades y mucho campo y árboles. El primer día ya me empané mirando cómo jugaban dos conejitos en la hierba mojada por la cansina lluvia. Más normal es ver ardillas corriendo de un lado a otro, siempre mordiendo algo insistentemente. Ya lo sé, sufro lo que sería una ciudadanitis aguda: cada vez que veo un animalito o una extensión de campo muy bestia me quedo un poco atontada. Para evitarlo, cada día voy al centro de la ciudad y allí desconecto de tanta desconexión. La residencia está muy bien. No es el típico edificio grande con varias habitaciones juntas y unas cuantas cocinas y unos cuantos lavabos, sino que, como tienen espacio, las habitaciones están divididas por una especie de bungalows. En cada pequeño bungalow o apartamento hay cuatro habitaciones, dos lavabos, una cocina y una sala de estar. En mi bungalow sólo vivía un chico chino cuando llegué, y hoy se ha ido y me he quedado sola (hay bastantes estudiantes para ser agosto, pero escasean). Al principio sólo nos saludábamos y nos preguntábamos lo típico: que qué tal el día y que qué estás cocinando. Más adelante ya nos permitimos el lujo de hablar sobre nosotros, en parte porque él se iba a vivir a otra casa, y siempre que sabes que alguien con quien convives se va a ir, se acelera por arte de magia la relación con esa persona. El chico se llama Wenhan y no recuerdo el nombre de su ciudad natal. Hace dos años vino a UK a estudiar un postgrado o un master y ahora está trabajando en la universidad, en el departamento de investigación tecnológica. Su idea es quedarse tres años más en Brighton y después volver a China.
Empezamos a hablar un día que coincidimos en la cocina. Wenhan estaba cocinando algo que olía muy bien y, de repente, empezó a echar tres chupitos de vodka a la mezcla de ingredientes que tenía en la sartén. Tal acción me maravilló y le pregunté qué estaba cocinando. No recuerdo el nombre del plato pero me lo dejó probar y estaba buenísimo. “¿Sabías cocinar antes de venir aquí?”, le pregunté, “No”, me dijo, “aprendí gracias a Internet, me bajé muchas recetas”. Después de cenar fui un rato a su habitación y nos pusimos a hablar. Bueno, en verdad, se puso a hablar más él, como de costumbre, yo solía escuchar. Me estuvo hablando de China y de su universidad, familiares y amigos. Me comentó, por ejemplo, que antes de venirse a UK sus amigos le hicieron un montón de regalos útiles para el viaje: uno le compró la maleta, otro, ropa, otro le compró una plancha, etcétera. Me dijo que entre amigos se suelen hacer este tipo de regalos cuando alguien se va de viaje una temporada larga. Eso sí, él les tiene que llevar regalitos a cada uno de ellos para devolverles el favor. Asfixiante amistad, no? De la universidad china me dijo que hay universidades muy buenas, muy competitivas y difíciles de acceder y universidades normales, a las que puede acceder quien quiera.
Ayer me estuvo enseñando por Youtube videos de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín, de los que estoy totalmente desconectada. Miraba las imágenes con bastante nostalgia, le sabía mal no haber podido estar ahí. Eso sí, mientras miraba las espectaculares imágenes de los fuegos artificiales decía: “mmmm, mucho dinero se ha gastado el gobierno chino, mucho dinero…”.
Wenhan se pensaba que Barcelona era la capital de España. Le puse tal cara de sorpresa cuando me lo dijo que empezó a justificarse: “Pero el Barça es mucho más conocido que el Real Madrid, y Barcelona es más famosa, y se hicieron los Juegos Olímpicos, todo el mundo la conoce… y, ¿Madrid? Aparte de ser la capital, ¿qué tiene?”. Me estuve riendo un buen rato… ¡qué le voy a decir yo que estoy enamorada de Barcelona!, pues le dije que, temas económicos aparte, Madrid es bonita, pero que Barcelona le da mil vueltas. Recuerdo que en la escuela de inglés un chico creo que de Irán estaba hablando con una chica madrileña de mi clase y le decía que su tío estuvo viviendo en Madrid una temporada. Ella le dijo solemnemente: “Ah, y le gustó, no? Madrid es una ciudad preciosa”, y él le dijo: “Sí, le gustó, pero a mí me gusta mucho más Barcelona”, la madrileña levantó ligeramente las cejas y yo solté un “Mira qué bien, yo soy de Barcelona!”, y el chico de Irán se pudo a hablar conmigo.
Wenhan, el chico chino, recordaba que la canción de los Juegos Olímpicos de Barcelona fue muy conocida, aunque no se acordaba de cómo sonaba. En seguida se la puse en el Youtube para que la escuchara de nuevo (y yo también). Mientras sonaba la canción, como siempre me pasa, se me puso la piel de gallina: es quizá la primera canción que me emocionó de verdad (tenía 9 años cuando la escuché por primera vez, en el 92). Si estáis en Barcelona id a ver la font màgica de Montjuïc las noches de los fines de semana. Si aún sigue igual el programa, a veces suelen hacer danzar el agua coloreada de la fuente al ritmo de esta canción, entre otras muchas; desde que soy una enana que voy a ver este momento mágico, me encanta.
Cuando acabó la canción le dije a Wenhan que tenía que visitar Barcelona, que yo le haría de guía turística como ya he hecho en más de una ocasión, y él me dijo que, asimismo, yo tenía que viajar a China. Nos intercambiamos los mails y los móviles y al día siguiente nos despedimos sin saber, como siempre pasa en estos viajes, si nos volveremos a ver.
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Empezamos a hablar un día que coincidimos en la cocina. Wenhan estaba cocinando algo que olía muy bien y, de repente, empezó a echar tres chupitos de vodka a la mezcla de ingredientes que tenía en la sartén. Tal acción me maravilló y le pregunté qué estaba cocinando. No recuerdo el nombre del plato pero me lo dejó probar y estaba buenísimo. “¿Sabías cocinar antes de venir aquí?”, le pregunté, “No”, me dijo, “aprendí gracias a Internet, me bajé muchas recetas”. Después de cenar fui un rato a su habitación y nos pusimos a hablar. Bueno, en verdad, se puso a hablar más él, como de costumbre, yo solía escuchar. Me estuvo hablando de China y de su universidad, familiares y amigos. Me comentó, por ejemplo, que antes de venirse a UK sus amigos le hicieron un montón de regalos útiles para el viaje: uno le compró la maleta, otro, ropa, otro le compró una plancha, etcétera. Me dijo que entre amigos se suelen hacer este tipo de regalos cuando alguien se va de viaje una temporada larga. Eso sí, él les tiene que llevar regalitos a cada uno de ellos para devolverles el favor. Asfixiante amistad, no? De la universidad china me dijo que hay universidades muy buenas, muy competitivas y difíciles de acceder y universidades normales, a las que puede acceder quien quiera.
Ayer me estuvo enseñando por Youtube videos de la ceremonia de apertura de los Juegos Olímpicos de Pekín, de los que estoy totalmente desconectada. Miraba las imágenes con bastante nostalgia, le sabía mal no haber podido estar ahí. Eso sí, mientras miraba las espectaculares imágenes de los fuegos artificiales decía: “mmmm, mucho dinero se ha gastado el gobierno chino, mucho dinero…”.
Wenhan se pensaba que Barcelona era la capital de España. Le puse tal cara de sorpresa cuando me lo dijo que empezó a justificarse: “Pero el Barça es mucho más conocido que el Real Madrid, y Barcelona es más famosa, y se hicieron los Juegos Olímpicos, todo el mundo la conoce… y, ¿Madrid? Aparte de ser la capital, ¿qué tiene?”. Me estuve riendo un buen rato… ¡qué le voy a decir yo que estoy enamorada de Barcelona!, pues le dije que, temas económicos aparte, Madrid es bonita, pero que Barcelona le da mil vueltas. Recuerdo que en la escuela de inglés un chico creo que de Irán estaba hablando con una chica madrileña de mi clase y le decía que su tío estuvo viviendo en Madrid una temporada. Ella le dijo solemnemente: “Ah, y le gustó, no? Madrid es una ciudad preciosa”, y él le dijo: “Sí, le gustó, pero a mí me gusta mucho más Barcelona”, la madrileña levantó ligeramente las cejas y yo solté un “Mira qué bien, yo soy de Barcelona!”, y el chico de Irán se pudo a hablar conmigo.
Wenhan, el chico chino, recordaba que la canción de los Juegos Olímpicos de Barcelona fue muy conocida, aunque no se acordaba de cómo sonaba. En seguida se la puse en el Youtube para que la escuchara de nuevo (y yo también). Mientras sonaba la canción, como siempre me pasa, se me puso la piel de gallina: es quizá la primera canción que me emocionó de verdad (tenía 9 años cuando la escuché por primera vez, en el 92). Si estáis en Barcelona id a ver la font màgica de Montjuïc las noches de los fines de semana. Si aún sigue igual el programa, a veces suelen hacer danzar el agua coloreada de la fuente al ritmo de esta canción, entre otras muchas; desde que soy una enana que voy a ver este momento mágico, me encanta.
Cuando acabó la canción le dije a Wenhan que tenía que visitar Barcelona, que yo le haría de guía turística como ya he hecho en más de una ocasión, y él me dijo que, asimismo, yo tenía que viajar a China. Nos intercambiamos los mails y los móviles y al día siguiente nos despedimos sin saber, como siempre pasa en estos viajes, si nos volveremos a ver.
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4 comentarios:
amandaa, acabas de recibir un premio en mi blog, premio al esfuerzo personal. beso!
por cierto, no sabía que la caballe y freddie mercury cantaban esta canción. Me llamó la atención porque creía que freddie en el 92 ya estaba muerto y resulta que sí.. que murió en 1991, pero lo que pasa es que había grabado el video con m.c. antes.
El campus de sussex suena genial, me alegra que lo estés pasando tan bien.. pero no te me pongas tan melancólica, disfruta el momento que a barna ya volverás!
Oye, que sepas, no paras de ganar premios en mi blog jaja. eres una de las 4 ganadoras del concurso kitsch, tienes tu premio allí jaja, pásate a recogerlo. felicidades!
Para los chinos Fredy y Montserrat no grabaron ninguna canción pero del mismo albúm hay una canción titulada "la japonaise" que es una joya!!!
http://www.youtube.com/watch?v=u9O3XZYEfYM
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