El campus cada día me sorprende más: hace poco vi un zorro. Era de noche y al principio pensé: “Qué perro más raro”, no entraba en mi urbanita mente que fuera un zorro lo que estaba viendo, porque es imposible ver un zorro a 20 minutos de distancia del centro de una ciudad. Pero aquí es posible. Y sí, eso era un zorro.
Campo aparte, hace unos días fui a Londres a ver una obra de teatro de Shakespeare: A midsummer night’s dream. Cogimos el tren a las 16 horas y en una hora nos plantamos en la estación de London Bridge. Paseamos un rato por una de las zonas del barrio de Southwark, una especie de Raval londinense. Antaño era un barrio de bajos fondos, donde la gente iba a emborracharse y los escritores a crear. Tienen un museo dedicado al vino (Vinopolis) que espero poder visitar más adelante. Ahora es un barrio cool, mucho más que el Raval norte. A las 6 de la tarde, los pubs están a rebosar de elegantes personas trajeadas bebiendo sus mega pints después de la larga jornada de trabajo. Mientras caminábamos la guía nos señaló la ventana de un edificio y nos dijo que ahí vivió Bridget Jones. De repente, el grupo de guiris con el que iba empezó a hacer fotos a la ventana que señalaba la guía. Cuando llegamos al Thames, lo bordeamos hasta llegar al Shakespeare Globe Theatre, un teatro al aire libre que sólo abre en verano. Antes de que empezara la obra teníamos una hora y media por delante y decidimos ir a visitar la Tate Modern. El museo, que antes era una fábrica, es enorme, incluso diría que caótico. Es gratis, cosa que no sabía, excepto las exposiciones temporales. Nos perdemos, entonces, por las salas de las exposiciones permanentes: Miró, Picasso, los dadaístas, artistas locales… En un momento dado el grupo de cuatro chicas que habíamos creado se disuelve y cada cual se deja ir libremente de cuadro en cuadro, de experiencia en experiencia, de artilugio en artilugio. Pero cuando nos vamos encontrando por las salas nuestras expresiones coinciden: es la expresión de alguien que no entiende lo que está observando y que le molesta no entenderlo. En una de las salas de artistas minimalistas (muy minimalistas), una chica me dice totalmente perdida entre este arte: “Entiendes algo de arte moderno?”, “No”, le digo, “la verdad es que parece que los artistas contemporáneos sólo creen para ellos mismos, para el programador de la galería y para los cuatro estudiantes de bellas artes que están por aquí tomando notas”. Y ahora alguien me podría decir que todo el mundo trabaja o crea para él mismo y para las pocas personas que tiene en mente. Y yo qué sé, cada cual sabe sus motivos. Pero a veces me da la sensación de que en el arte contemporáneo no hay honestidad entre el artista y su obra (y perdón por la generalización), porque cuesta mucho ver reflejada una pizca de calor humano en este tipo de obras. Imagino que las bellas artes, como otras artes, viven desde hace tiempo en un continuo proceso de creación que, desgraciadamente, no hace más que despistar al público.
Es hora de ir al teatro y salimos de la Tate con ganas de que nos toque un poco la intensa luz del sol que por fin se ha dignado en aparecer. Antes de dejar definitivamente el museo algunas de las chicas que acabo de conocer en esta salida cultural se detienen para hacerse fotos ante el edificio de la Tate Modern, aunque no les haya atraído lo que han visto. Son dos chicas brasileñas de 27 años que están estudiando en la Universidad de Brighton y una chica rusa de 17 que en un momento dado me dice sin retintín, porque ella también es así: “No pareces española, los españoles suelen ser expresivos y tú eres muy templada”. Un chico me preguntó si era argentina porque mi manera de pronunciar el inglés era más suave que el de los españoles; “Pues, mira, un 50% de mí lo es”, le dije yo.
El teatro de Shakespeare se construyó con la idea de imitar los teatros de su época. El escenario no es muy grande, el anfiteatro es muy arqueado, no hay techo y en la platea no hay asientos, o sea, que la entrada en platea es la más barata del recinto, al revés que en los teatros actuales. Y sí, si no hay asientos significa que la gente que está en platea está de pie mirando la obra. El jueves unas 100 personas o más estuvieron atendiendo a cada una de las palabras de esta obra de teatro al mismo tiempo que fortalecían sus piernas. Yo fui una de esas personas. No creía que fuera posible, pero lo es: estuve 3 horas de pie mirando una obra que entendí en un 20% porque sabía de que iba, no porque entendiera su inglés. Sueño de una noche de verano la vi también en Italia, en italiano, o sea, que también me costó comprenderla. Ya es hora, quizá, de verla en castellano o en catalán y de reírme de los gags de los que todo el público se reía tan entusiasmado… Hay que decir también que los actores actuaron muy bien y eran muy cómicos; algunos, provocaban risas por el simple hecho de gesticular. En la platea no habían sólo estudiantes o hippies maduros, también había algún que otro hombre trajeado y mujeres elegantes. Mientras los miraba pensaba que su elegante presencia en la platea dignificaba aún más este teatro, la obra, ellos mismos y su cultura: los ingleses son capaces de venir arreglados al teatro aun sabiendo que mirarán la obra de pie y que ésta durará 3 horas. En España algo así no funcionaría. Obviamente hay un descanso de unos pocos minutos en el que la gente compra su copita de vino o su frankfurt o su cerveza.
Cuando la obra acabó nos fuimos de nuevo hacia la parada de tren para volver a Brighton. Mientras caminábamos de nuevo por las calles de Southwark estuve a punto de aflojar el ritmo hasta detenerme para perder al grupo y quedarme esa noche sola por las calles de Londres. Pero estaba demasiado cansada para hacer el indio esa noche y seguí caminando con los demás guiris. Otra noche, pensé.
Campo aparte, hace unos días fui a Londres a ver una obra de teatro de Shakespeare: A midsummer night’s dream. Cogimos el tren a las 16 horas y en una hora nos plantamos en la estación de London Bridge. Paseamos un rato por una de las zonas del barrio de Southwark, una especie de Raval londinense. Antaño era un barrio de bajos fondos, donde la gente iba a emborracharse y los escritores a crear. Tienen un museo dedicado al vino (Vinopolis) que espero poder visitar más adelante. Ahora es un barrio cool, mucho más que el Raval norte. A las 6 de la tarde, los pubs están a rebosar de elegantes personas trajeadas bebiendo sus mega pints después de la larga jornada de trabajo. Mientras caminábamos la guía nos señaló la ventana de un edificio y nos dijo que ahí vivió Bridget Jones. De repente, el grupo de guiris con el que iba empezó a hacer fotos a la ventana que señalaba la guía. Cuando llegamos al Thames, lo bordeamos hasta llegar al Shakespeare Globe Theatre, un teatro al aire libre que sólo abre en verano. Antes de que empezara la obra teníamos una hora y media por delante y decidimos ir a visitar la Tate Modern. El museo, que antes era una fábrica, es enorme, incluso diría que caótico. Es gratis, cosa que no sabía, excepto las exposiciones temporales. Nos perdemos, entonces, por las salas de las exposiciones permanentes: Miró, Picasso, los dadaístas, artistas locales… En un momento dado el grupo de cuatro chicas que habíamos creado se disuelve y cada cual se deja ir libremente de cuadro en cuadro, de experiencia en experiencia, de artilugio en artilugio. Pero cuando nos vamos encontrando por las salas nuestras expresiones coinciden: es la expresión de alguien que no entiende lo que está observando y que le molesta no entenderlo. En una de las salas de artistas minimalistas (muy minimalistas), una chica me dice totalmente perdida entre este arte: “Entiendes algo de arte moderno?”, “No”, le digo, “la verdad es que parece que los artistas contemporáneos sólo creen para ellos mismos, para el programador de la galería y para los cuatro estudiantes de bellas artes que están por aquí tomando notas”. Y ahora alguien me podría decir que todo el mundo trabaja o crea para él mismo y para las pocas personas que tiene en mente. Y yo qué sé, cada cual sabe sus motivos. Pero a veces me da la sensación de que en el arte contemporáneo no hay honestidad entre el artista y su obra (y perdón por la generalización), porque cuesta mucho ver reflejada una pizca de calor humano en este tipo de obras. Imagino que las bellas artes, como otras artes, viven desde hace tiempo en un continuo proceso de creación que, desgraciadamente, no hace más que despistar al público.
Es hora de ir al teatro y salimos de la Tate con ganas de que nos toque un poco la intensa luz del sol que por fin se ha dignado en aparecer. Antes de dejar definitivamente el museo algunas de las chicas que acabo de conocer en esta salida cultural se detienen para hacerse fotos ante el edificio de la Tate Modern, aunque no les haya atraído lo que han visto. Son dos chicas brasileñas de 27 años que están estudiando en la Universidad de Brighton y una chica rusa de 17 que en un momento dado me dice sin retintín, porque ella también es así: “No pareces española, los españoles suelen ser expresivos y tú eres muy templada”. Un chico me preguntó si era argentina porque mi manera de pronunciar el inglés era más suave que el de los españoles; “Pues, mira, un 50% de mí lo es”, le dije yo.
El teatro de Shakespeare se construyó con la idea de imitar los teatros de su época. El escenario no es muy grande, el anfiteatro es muy arqueado, no hay techo y en la platea no hay asientos, o sea, que la entrada en platea es la más barata del recinto, al revés que en los teatros actuales. Y sí, si no hay asientos significa que la gente que está en platea está de pie mirando la obra. El jueves unas 100 personas o más estuvieron atendiendo a cada una de las palabras de esta obra de teatro al mismo tiempo que fortalecían sus piernas. Yo fui una de esas personas. No creía que fuera posible, pero lo es: estuve 3 horas de pie mirando una obra que entendí en un 20% porque sabía de que iba, no porque entendiera su inglés. Sueño de una noche de verano la vi también en Italia, en italiano, o sea, que también me costó comprenderla. Ya es hora, quizá, de verla en castellano o en catalán y de reírme de los gags de los que todo el público se reía tan entusiasmado… Hay que decir también que los actores actuaron muy bien y eran muy cómicos; algunos, provocaban risas por el simple hecho de gesticular. En la platea no habían sólo estudiantes o hippies maduros, también había algún que otro hombre trajeado y mujeres elegantes. Mientras los miraba pensaba que su elegante presencia en la platea dignificaba aún más este teatro, la obra, ellos mismos y su cultura: los ingleses son capaces de venir arreglados al teatro aun sabiendo que mirarán la obra de pie y que ésta durará 3 horas. En España algo así no funcionaría. Obviamente hay un descanso de unos pocos minutos en el que la gente compra su copita de vino o su frankfurt o su cerveza.
Cuando la obra acabó nos fuimos de nuevo hacia la parada de tren para volver a Brighton. Mientras caminábamos de nuevo por las calles de Southwark estuve a punto de aflojar el ritmo hasta detenerme para perder al grupo y quedarme esa noche sola por las calles de Londres. Pero estaba demasiado cansada para hacer el indio esa noche y seguí caminando con los demás guiris. Otra noche, pensé.


3 comentarios:
Parlar tant d'Espanya tenint en compte que d'espanya només coneixes bé Catalunya, i que dubto que siguis com la noia de Madrid que diu que el català és un dialècte, per posar un exemple fàcil, em sembla una manca total de matís, o potser un excés nacionalista, no ho sé.
Tant parlo d'Espanya? No me n'havia adonat. Influències nacionalistes, potser.
és tan dificil escoltar-se a un mateix..
Yo sí he viajado mucho por España y por muchos otros sitios y déjame decirte, anónimo 1, que tampoco hay tanto que matizar, así que has el favor de viajar tu también -como lo hace Amanda y por eso puede comparar con todo su derecho- y salir de tu ombligo, no te vendría mal.
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