Ya me he mudado a mi tercera y definitiva casa. La habitación es grande y el salón, el jardín y la cocina, también. De la montaña del campus universitario he vuelto a pasar a la playa de Brighton (está a cinco minutos caminando). Cuando salgo de casa por la mañana siento de nuevo la brisa marina en la cara y el intenso olor del agua salada. Vuelvo a vivir, más o menos, en la misma zona donde estuve en julio. Comparto la casa con una chica escocesa que, de momento, me parece muy agradable y con una chica inglesa que es la propietaria de la casa. Tendrán entre veintitantos y treinta y algo. En el anuncio pedían, precisamente, una persona mayor de 30 años, pero como yo ya llegué a un punto en que pasaba de los profesionales, de los estudiantes, de los vegetarianos (sí! había pisos que pedían preferiblemente vegetarianos!!!), en definitiva, que pasaba de todas las condiciones y sólo llamaba si la zona me gustaba y el precio era asequible. Por suerte, la dueña de la casa me preguntó la edad en persona, cuando ya nos habíamos conocido, y, claro, imagino que le parecí majísima y no tuvo ningún problema en aceptarme como su nueva housemate. Por otro lado, creo yo que con 25 años ya eres un poco bastante madurito como para ser considerado una amenaza para una casa...
Estoy encantada con la casa y con la habitación, pero, lo más importante, es que las personas con las que voy a compartir techo son normales. Las últimas dos semanas que estuve viviendo en la residencia compartí bungalow con una chica inglesa. El primer día que la vi me asusté: era de noche y me dirigía al lavabo cuando de repente vi una persona con una melena larga y pelirroja y vestida toda ella de color negro detenida frente a la nevera. Parecía un fantasma. Y, bien, en parte lo era (era gótica). Cuando me acerqué a ella no sé quién de las dos estaba más asustada. Visto que ella no habría la boca, yo la saludé y le pregunté si vivía en la residencia. Me dijo que se llamaba Danny y que sí, que esa misma noche se estaba mudando. Ah, y estas son horas de mudarse, pensé yo. Creo que es la conversación más larga que he tenido con la chica gótica, sólo sé de ella que estaba buscando trabajo en Brighton. De vivir con el chino que era muy agradable pasé a vivir con una gótica inglesa hiper reservada y sensible, más sensible de lo que debería ser: los góticos se recrean en su papel de almas heridas e incomprendidas y, paradójicamente, pasan a ser, a veces, insensibles y distantes con el mundo que les rodea. Pero, bueno, los góticos no me molestan, al contrario, su romanticismo me gusta y, como no incordian, inconscientemente respetan el espacio de los demás.
La casa de la hostfamily en la que estuve viviendo en julio la compartí con una chica turca muy tranquila y un chico ruso. El chico ruso era de un lugar perdido de Rusia y sabía muy poco inglés. Hablaba en plan indio y gesticulaba demasiado. Tenía esa rareza típica de las personas remotas, es decir, de personas que parece que vivan en otro mundo, en otro momento de la historia que no coincide con el tuyo. En la academia de inglés me hice los primeros días con un chico gay ruso de Moscow totalmente normal. Me dijo que en Rusia se nota mucho la diferencia entre la gente que vive en las dos grandes ciudades y la que vive en ciudades más pequeñas o en pueblos. Y realmente ellos dos eran totalmente opuestos: el chico de Moscow era gay, fashion, muy abierto y, por lo tanto, evitaba el contacto ruso en tierra inglesa. El chico ruso que vivía conmigo era antigays, vestía siempre en plan deportivo y sólo se hacia con rusos. Me recordaba a los típicos hombretones mafiosos. Uno quería irse a vivir fuera de Rusia, el otro estaba orgullosísimo de su país. Al final de una especie de conversación, el ruso con el que vivía siempre me decía: “Ve con ciudado, Amanda, ve con cuidado, y si necesitas cualquier cosa, dímelo”. Cuando no sabes si alguien te está amenazando o intentando proteger, eso es mafia. Un día, el señor de la casa me preguntó si sabía algo del chico ruso, el día anterior no había ido a cenar a casa y no había avisado, cosa rara en él. No podíamos contactar con él porque no tenía móvil. Ese mismo día, yo llegué a las 3 de la mañana a casa y, en cuanto entré por la puerta, el señor de la casa vino a ver si yo era él. Llevaba un día y dos noches desaparecido. El chico tenía 18 años, pero por su manera extraña de actuar habitual aparentaba muchos menos; la teoría del señor de la casa era que la familia lo había protegido demasiado (típica teoría, por otro lado). Me quedé una hora y media conversando y fumando con el señor, esperando a que el ruso apareciera en algún momento por la puerta, pero nada. Subí las escaleras y entré en mi habitación. Me puse el camisón y cuando estaba metiéndome en la cama escuché la puerta de la habitación del ruso. Salí de mi habitación, me dirigí a la suya y piqué a la puerta. El chico ruso me abrió: estaba nervioso, tenía una sonrisa impertinente que me molestó y olía muchísimo a sudor. Le pregunté dónde había estado y me dijo, sonriendo de la emoción, que durante todo este tiempo había estado en la cárcel. Me explicó que después de salir por la noche de una discoteca con sus otros 3 amigos rusos, un grupo de 20 hooligans ingleses les empezaron a insultar y se abalanzaron sobre ellos. A los pocos minutos llegó la policía y detuvo a todos los participantes de la lucha libre. Me enseñó las muñecas todavía marcadas por la presión de las manillas. Durante todo el día que estuvo retenido le facilitaron un traductor y un abogado de oficio y le estuvieron haciendo preguntas durante unas cuantas horas. Al final les dejaron libres porque, según él, las cámaras de la calle lo grabaron todo: fueron los ingleses borrachos los primeros en atacar. Le pregunté al chico ruso si estaba bien, si no le dolía nada, y me dijo que no, sólo tenía un pequeño morado en la parte inferior de la ceja derecha. Al día siguiente de su aparición estaba como si nada hubiera pasado, se reía cuando lo explicaba, excitado por el hecho de haber estado en prisión. No sé si toda la historia que explicó era verdad, porque de una pelea de 20 personas contra 4 no sales sólo con un pequeño rasguño, digo yo.
En fin, que me alegro de haber dado con dos mujeres que, aparentemente, parecen normales. Aparentemente, claro, ya se verá; cada persona es un mundo y, por otro lado, es genial que sea así.
Estoy encantada con la casa y con la habitación, pero, lo más importante, es que las personas con las que voy a compartir techo son normales. Las últimas dos semanas que estuve viviendo en la residencia compartí bungalow con una chica inglesa. El primer día que la vi me asusté: era de noche y me dirigía al lavabo cuando de repente vi una persona con una melena larga y pelirroja y vestida toda ella de color negro detenida frente a la nevera. Parecía un fantasma. Y, bien, en parte lo era (era gótica). Cuando me acerqué a ella no sé quién de las dos estaba más asustada. Visto que ella no habría la boca, yo la saludé y le pregunté si vivía en la residencia. Me dijo que se llamaba Danny y que sí, que esa misma noche se estaba mudando. Ah, y estas son horas de mudarse, pensé yo. Creo que es la conversación más larga que he tenido con la chica gótica, sólo sé de ella que estaba buscando trabajo en Brighton. De vivir con el chino que era muy agradable pasé a vivir con una gótica inglesa hiper reservada y sensible, más sensible de lo que debería ser: los góticos se recrean en su papel de almas heridas e incomprendidas y, paradójicamente, pasan a ser, a veces, insensibles y distantes con el mundo que les rodea. Pero, bueno, los góticos no me molestan, al contrario, su romanticismo me gusta y, como no incordian, inconscientemente respetan el espacio de los demás.
La casa de la hostfamily en la que estuve viviendo en julio la compartí con una chica turca muy tranquila y un chico ruso. El chico ruso era de un lugar perdido de Rusia y sabía muy poco inglés. Hablaba en plan indio y gesticulaba demasiado. Tenía esa rareza típica de las personas remotas, es decir, de personas que parece que vivan en otro mundo, en otro momento de la historia que no coincide con el tuyo. En la academia de inglés me hice los primeros días con un chico gay ruso de Moscow totalmente normal. Me dijo que en Rusia se nota mucho la diferencia entre la gente que vive en las dos grandes ciudades y la que vive en ciudades más pequeñas o en pueblos. Y realmente ellos dos eran totalmente opuestos: el chico de Moscow era gay, fashion, muy abierto y, por lo tanto, evitaba el contacto ruso en tierra inglesa. El chico ruso que vivía conmigo era antigays, vestía siempre en plan deportivo y sólo se hacia con rusos. Me recordaba a los típicos hombretones mafiosos. Uno quería irse a vivir fuera de Rusia, el otro estaba orgullosísimo de su país. Al final de una especie de conversación, el ruso con el que vivía siempre me decía: “Ve con ciudado, Amanda, ve con cuidado, y si necesitas cualquier cosa, dímelo”. Cuando no sabes si alguien te está amenazando o intentando proteger, eso es mafia. Un día, el señor de la casa me preguntó si sabía algo del chico ruso, el día anterior no había ido a cenar a casa y no había avisado, cosa rara en él. No podíamos contactar con él porque no tenía móvil. Ese mismo día, yo llegué a las 3 de la mañana a casa y, en cuanto entré por la puerta, el señor de la casa vino a ver si yo era él. Llevaba un día y dos noches desaparecido. El chico tenía 18 años, pero por su manera extraña de actuar habitual aparentaba muchos menos; la teoría del señor de la casa era que la familia lo había protegido demasiado (típica teoría, por otro lado). Me quedé una hora y media conversando y fumando con el señor, esperando a que el ruso apareciera en algún momento por la puerta, pero nada. Subí las escaleras y entré en mi habitación. Me puse el camisón y cuando estaba metiéndome en la cama escuché la puerta de la habitación del ruso. Salí de mi habitación, me dirigí a la suya y piqué a la puerta. El chico ruso me abrió: estaba nervioso, tenía una sonrisa impertinente que me molestó y olía muchísimo a sudor. Le pregunté dónde había estado y me dijo, sonriendo de la emoción, que durante todo este tiempo había estado en la cárcel. Me explicó que después de salir por la noche de una discoteca con sus otros 3 amigos rusos, un grupo de 20 hooligans ingleses les empezaron a insultar y se abalanzaron sobre ellos. A los pocos minutos llegó la policía y detuvo a todos los participantes de la lucha libre. Me enseñó las muñecas todavía marcadas por la presión de las manillas. Durante todo el día que estuvo retenido le facilitaron un traductor y un abogado de oficio y le estuvieron haciendo preguntas durante unas cuantas horas. Al final les dejaron libres porque, según él, las cámaras de la calle lo grabaron todo: fueron los ingleses borrachos los primeros en atacar. Le pregunté al chico ruso si estaba bien, si no le dolía nada, y me dijo que no, sólo tenía un pequeño morado en la parte inferior de la ceja derecha. Al día siguiente de su aparición estaba como si nada hubiera pasado, se reía cuando lo explicaba, excitado por el hecho de haber estado en prisión. No sé si toda la historia que explicó era verdad, porque de una pelea de 20 personas contra 4 no sales sólo con un pequeño rasguño, digo yo.
En fin, que me alegro de haber dado con dos mujeres que, aparentemente, parecen normales. Aparentemente, claro, ya se verá; cada persona es un mundo y, por otro lado, es genial que sea así.


7 comentarios:
la clau és el lavabo: si quan entres a la dutxa/banyera no se't queden els peus enganxats de la merda q hi ha incrustada, aleshores has triat el bon camí!
Molta sort i molts petons!
je,je ho dius per experiència?precisament estan fent obres al lavabo i està tot fet un cristo, excepte la dutxa, per sort... ptonets guapa!
Me'n alegro. Recordo quan compartia el pis amb dos amics i un dia va venir una amiga Mexicana i va estar deu dies convivint amb nosaltres. Recordo que varem netejar el pis fins deixar-lo net com una patena. Voliem causar bona impressió però al cap d'uns dies la nostra amiga ja se'n va donar compte de que una mica guarrots sí que erem. En tot cas això de conviure requereix bastanta paciència..saludus.
Ma! Torrrrrrinni!
Me alegro muchísimo que ya hayas encontrado tu sitio. Déjate sorprender, que de momento lo estás haciendo muy bien, y verás lo guay que son tus housemates.
Se te echa de menos. Un poquitín eh...
Mua
Nunca digas nunca jamas. No sabes si esta es tu ultima vivienda en tu bonita experiencia. Besos y recuerdos desde Zagrev. Un admirador.
Amanda! que bien que ya hayas encontrado piso, ya verás como lo pasas genial. Se te echa de menos!
...tenías que acabar ahí -lo digo por lo de la mujer gótica...-
un ai
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