Ayer (5 de noviembre) en Inglaterra se celebraba el día de Bonfire, o día de los fuegos artificiales o Fireworks Night o Guy Fawkes Night. En general, se suele asociar con la celebración del frustrado plan conocido como Gunpowder, en el que un grupo de ingleses católicos (entre ellos, Guy Fawkes) intentó asesinar el 5 de noviembre de 1605 al protestante Rey James I de Inglaterra y a su familia volando por los aires el parlamento de Londres (por cierto, que tal hecho inspiró escenas de la peli y cómic V di Vendetta; la máscara de V es, precisamente, una caricatura de Fawkes). Pues bien, aquí llevan más de una semana tirando cohetes y fuegos artificiales y petardos, y ayer, justo un día después de la victoria de Obama, fue la gran fiesta (bonitas coincidencias). Al salir del trabajo estaba cansada, pero quise acercarme al pueblo de Lewes, donde celebran el día con procesiones y fuegos artificiales. Era de noche y el pueblo estaba oscuro, así que no entraré en detalles geográficos ni arquitectónicos, aunque parecía muy bonito, y más con las constantes llamas del fuego de las procesiones, que estaban muy bien: las personas iban vestidas estilo siglo XVII y llevaban consigo antorchas, al mismo tiempo que iban tirando por el suelo petardos nada inocentes. Asimismo, portaban con ellos cruces incendiadas: en Sussex el día se asocia también con la ejecución de mártires protestantes. Sería una fiesta más bonita si no estuviera tan masificada, toda la juventud de Brighton (que no es poca) va en masa a beber y a pasárselo demasiado bien.
Y bien, Barack Obama ha ganado. Ayer, en mi casa, brindé con vino de USA por su victoria, cinco horas antes de que se supieran los resultados. Cuando me desperté a las 6 de la mañana para ir a trabajar lo primero que hice fue encender el portátil para leer y mirar su discurso. Estuve eufórica durante todo el día, igual que los estudiantes de todas partes del mundo que iban entrando en la agencia donde trabajo, todos felices de que Obama hubiera ganado. Y mi jefe también. La verdad es que no he conocido a nadie que quisiera que ganara McCain. Es que lo de Obama ha sido muy fuerte, inesperado, genial. He leído algunos artículos de opinión desde entonces y, para evitar aumentar aún más mi pasión por Obama, he comprado el The Times, que se lo está tomando con más calma que el The Guardian. En un artículo, un comentarista recuerda, entre otras muchas cosas, que aunque haya salido vencedor Obama, la mayoría de los estadounidenses prefieren un presidente de centro y moderado, no de izquierdas. Y otros escritores de columnas recalcan que la mala legislatura de Bush y la crisis financiera han sido un background que ha servido en bandeja la victoria a los demócratas. Y, así, he continuado con la búsqueda de argumentos que no compartieran la alegría internacional del momento, obligándome a tirarme cubos de agua fría por encima para mitigar mi excitación. El problema es que, lea lo que lea, no consigo deshacerme de este grado tan alto de entusiasmo y admiración que siento por la figura de Barack Obama y que, con el tiempo, ya se me pasará. O no.
jueves 6 de noviembre de 2008
Remember, remember this 5th of November
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1 comentarios:
La victoria de Obama pasará a la historia, eso está clarísimo. Yo también estoy muy contenta y muy entuciasmada de que haya ganado, aunque eso no quita que sienta un gran respeto por Mc Cain. Habría sido maravilloso que Mc Cain hubiese gobernado EEUU estos últimos ocho años en lugar de Bush.
Un besote mi niña
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