miércoles 1 de abril de 2009

Al son de los pensamientos

Ayer fui al Brighton Dome, el teatro más bonito y grande de la ciudad. Fui a ver la compañía de danza británica Richard Alston. Hacía muchos meses que no veía danza contemporánea, y la echaba de menos. Los espectaculares musicales de Londres son buenos, pero son eso, espectaculares. Los musicales consiguen evadirte de la realidad y de tus preocupaciones, en cambio, una pieza de danza, si está bien hecha, hace todo lo contrario: te teletransporta hasta el fondo de tus pensamientos. Es como si tu subconsciente saliera de las tinieblas al mismo tiempo que tu mirada está clavada en los pasos frenéticos y precisos de los bailarines. Tú das el significado a lo que estás viendo; no sólo vas a ver danza, también vas a dialogar contigo misma, a dejarte llevar por lo que ves pero con la tensión que toda pieza de danza contemporánea exige. Tú decides si entras en el juego o no.
Mientras observaba a los bailarines me iba creando mi propia historia y, aún más, en las coreografías de las distintas piezas podía ver reflejadas algunas de mis experiencias vividas. “Así es como uno se siente, sí”, pensaba en algún momento. Eso sí, casi al final, cuando los bailarines danzaban al son de la música barroca, mi corazón ha empezado a acelerarse junto con el ritmo de mi respiración y mis manos han empezado a humedecerse de nervios, y he tenido que hacerme con la botella de agua que siempre me acompaña para intentar relajarme.
Intensa danza. Intensos días.