martes 14 de abril de 2009

La chica búlgara

Hace dos semanas la chica búlgara que trabajaba en la agencia de viajes se fue a Alicante a seguir sus estudios en la universidad, gracias a la beca erasmus. Era una chica de 25 años, alta y delgada, demasiado seria para su edad, casada con un alemán de 45 años. Desde bien jovencita se las había apañado para salir adelante sin la ayuda económica de su familia. A los 18 años dejó Bulgaria y se fue con un billete de 50 euros en su bolsillo hacia Alemania, contra la voluntad de sus padres. A los pocos días de llegar encontró trabajo y se matriculó en la universidad para estudiar turismo. Hablaba perfectamente el alemán y, en cambio, se le habían olvidado palabras y expresiones del búlgaro. Precisamente, cuando hablaba inglés su acento era de persona alemana. Definitivamente quería ser alemana, lo quería ser tanto que incluso era más estricta que los propios alemanes. Si en el trabajo algo se salía de lo especificado se molestaba con el jefe. Para mi jefe ella era alemana y yo, italiana (siempre me dice que yo no soy española, que soy italiana, y yo me pongo la mar de feliz cuando me lo dice).
La chica búlgara hacía sólo un año que se había casado y se la veía siempre agobiada. Un día, cuando ya teníamos más confianza, me dijo que no sabía si había hecho bien casándose tan pronto, empezaba a ver en su matrimonio un obstáculo para formarse abroad. Tenía discusiones telefónicas con su marido día sí día también, y a la pobre se la veía mal, lloraba a escondidas. Un día me dijo que su marido la había amenazado con dejarla si no volvía ya a Alemania. Cuando me lo dijo me quedé atónita: “No tiene ningún derecho a chantajearte de esta manera, y menos si se trata de tu formación”, le dije. ¿Es que ni siquiera a una cierta edad se aprende a dejar de hacer chantaje emocional? Durante unos días estuvo emocionalmente muy agotada, realmente decidiendo entre su formación lingüística o su marido. Por lo visto, al final solucionaron las cosas y su marido no le puso pegas a que se fuera a estudiar unos meses a Alicante después de su estancia en Inglaterra. Nada, que el niño mayor se sentía desatendido y quería que le prestaran atención.
Un día, la seria chica búlgara, entró en la oficina sonriendo, me cogió del brazo y me llevó al almacén. “¿Harías esto conmigo?”, me preguntó mostrándome un flyer con unas fotos de unas chicas posando en plan sexy. “Por supuesto!”, le dije yo. Le habían entregado ese flyer en un Studio fotográfico en el que te vestían con la ropa que quisieras, te maquillaban y te hacían fotos profesionales, muy buenas. El día antes de que se fuera a Alicante fuimos al Studio y durante tres horas nos estuvieron maquillando y fotografiando. Yo me vestí en plan pin-up girl, con un corsé rosa-azulado con el que era imposible respirar, unas cuantas plumas celestes y unos zapatos de tacón alto cubiertos de purpurina rosa. Ella decidió algo más elegante y de estilo español: vestido negro ajustadísimo, flor roja en la melena y zapatos rojos. Modestia aparte, estábamos realmente muy guapas (con una buena cámara y una buena iluminación cualquiera puede ser modelo).
Antes de que se fuera a España la chica búlgara me dijo que estuviera preparada porque cualquier año aparecería por Barcelona en su Mercedes para venir a buscarme. Era una persona de background modesto y aspiraciones económicas altas: tenía la dureza mental y física de las personas que han salido adelante solas, a base de estudiar y, sobre todo, de muchos trabajos-mierda. Del mismo modo, también corría el peligro de convertirse en la típica persona que, con los años, se pierde entre tanta ambición, totalmente dominada por su propio orgullo, superada por la eterna idea de que ha de luchar continuamente para conseguir tener una calidad de vida mejor. Era tan dura que ni siquiera se hubiera dejado doblegar por el chantaje de su marido, a quién creo que quería, y no se dejó. “Si realmente te hubiera obligado a elegir, ¿qué hubieras decidido?”, le pregunté. “Había decidido seguir adelante con mi formación profesional y mis viajes, y así se lo dije”, sentenció.