Me hice la raya de los ojos, me puse rimel, un poco de sombra de ojos, brillo de labios y salí corriendo de casa. Hacía tiempo que no salía de noche, lo que se dice salir, salir, y tenía ganas de beber, bailar y reír. Antes de llegar a la parada de metro, la Sagrada Familia, iluminada, se apagó de repente ante mí, como si me dijera: “Ala, pásatelo bien que yo me voy a dormir”. Sí, a veces suelo conversar con la Sagrada Familia, como si tuviera ojos y boca y pudiera hablar. Entré en el vagón del metro y me senté. Un chico alto y guapo se sentó a mi lado, y en el proceso nuestras miradas se cruzaron. Delante de él estaba sentada una mujer de unos cuarenta y poco años, muy guapa, un tanto delgada para su edad quizá, pero guapa. ¿La gente es cada vez más guapa en Barcelona o me lo parece sólo a mí? A través del cristal de la ventana del vagón vi reflejada la cara del chico que estaba sentado a mi lado, y su mirada, y cómo sus ojos se quedaron fijados en la cara de la mujer cuarentona. Yo la miraba a ella, para ver si se sentía aludida, y sí, ella también lo miraba pero apartaba la vista rápidamente de sus ojos, entonces se aposentaba en los míos para huir de los suyos, y al ver que yo también la estaba mirando apartaba su mirada rápidamente de la mía. La noté un poco nerviosa y un tanto inquieta. A continuación, el chico y yo nos miramos a través del reflejo del cristal de la ventana que teníamos delante nuestro. Hicimos este juego de cruce de miradas (mujer, chico y yo) unas tres veces quizá, y a la tercera vi esbozarse en la cara del chico una sonrisa, como si se lo estuviera pasando en grande con la situación. A todo esto, un hombre de unos cincuenta y pico, bajo y con bigote, se había sentado delante mío, y éste sí que no paraba de mirarme de manera exagerada (y mira que yo soy normalita) y lo pillaba, un poco asqueada, observando diferentes partes de mi cuerpo. Cuando el cuarteto de miradas me cansó, empecé a observar al resto de la concurrencia del vagón. Sentada cerca de la mujer cuarentona había una chica creo que japonesa, muy guapa también. El pelo largo, liso y moreno contrastaba con el blanco de su vestido, un vestido a través del cual se adivinaba su barriga de embarazada. Más a la derecha, estaban sentados dos chicos negros vestidos también totalmente de blanco, con mucha clase. En los asientos que quedaban más a mi izquierda había un grupo rapero de sudamericanos, que ambientaba el vagón con su música. Vestían como raperos y se hacían fotos como si fueran raperos, posando con las manos abiertas cerca de la cara, una cara seria, de rebelde sin causa. Hey, bro. En la tercera parada de metro entró una chica de estética made in London, con un gorro negro chulísimo, y se quedó de pie fijando la mirada en algún punto para no tener que observar a nadie, perdida en su mundo gracias a la música de su Ipod. En la cuarta parada bajé del vagón, aunque me hubiera quedado allí sentada observando a la gente unas cuantas paradas más. Me dirigí xino-xano al bar donde había quedado con los demás. “Nena, arribes tard!”. Hicimos unas copas y nos fuimos al Otto Zutz porque uno de ellos tenía enchufe en la sala VIP, esa sala pequeña y concentrada donde la gente hace cara de importante y de interesante. Al rato bajamos a la primera sala y la noche mejoró: nos lo pasamos muy bien bailando canciones comerciales y hip-hoperas en esa otra sala, y es que ese día nos apetecía más hacer cara de rebeldes sin causa que de importantes. You know, bro.
sábado 12 de septiembre de 2009
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2 comentarios:
'Línia blava' i 'Mapa de los sonidos de Toquio', sin duda.
Y no seas tan modesta, mujer, que estás pa' comerte ;-)
Tú sí que estás pa' comerte!! acompanyada de formatge de cabra, tomàquet i mel :-p
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