Una mujer inglesa que conocí en Brighton me explicó una vez que la euforia, para ella, era lo que sintió después de dar a luz en su parto natural. Me dijo que el dolor físico en el momento de dar a luz es horrible, insoportable, pero tal intensidad de dolor desaparece cuando te ponen al hijo recién nacido en brazos, y lo que se siente entonces es euforia. No es que el dolor físico desaparezca por arte de magia cuando tienes al niño entre tus brazos, es que sencillamente estás demasiado feliz como para poder sentir las secuelas de ese dolor físico. Para los que nunca hayamos experimentado algo así (y para los hombres que nunca lo experimentarán y para las mujeres que en su momento quizá prefiramos la epidural), podríamos pensar que la euforia (y perdón si ofendo con la comparación, no se me ha ocurrido otra) es como ese gol de la victoria que llega en el tiempo de descuento (recuérdese, por ejemplo, el Chelsea-Barça de la Champions). La tensión acumulada en el cuerpo se libera en tan sólo unos pocos segundos, y es esta mezcla de intensidad de la tensión y el poco tiempo que ésta se toma en huir del cuerpo lo que provoca ese estado alocado denominado euforia. La euforia es, en resumidas cuentas, la alegría desbocada que se siente después de haber sentido dolor, tanto físico como mental.
Pues bien, euforia es lo que yo sentiré en unos días cuando el dolor físico provocado por mi paso por el hospital desaparezca. Euforia es lo que sentiré la noche que consiga dormir de una tirada, sin notar molestias físicas cada vez que me mueva en la cama. Eufórica será la noche en que saldré de fiesta y podré bailar sueltamente sin pensar en los posibles dolores que tendré al día siguiente. Será una euforia que no me pillará por sorpresa, y como será esperada, quizá lo que sentiré no será verdadera euforia, pero, me da igual, yo me sentiré la chica más feliz del mundo cuando por fin pueda pasar más horas fuera de casa que dentro, cuando por fin pueda empezar a organizarme la vida de esta nueva temporada, cuando por fin pueda quemar ni que sea un poco de energía, que la tengo contenida y oprimida bien adentro. Cuando el dolor físico haya marchado, se me pintará en la boca una sonrisa larga y extensa, al estilo de Joker, y mi buen humor será todavía más bueno, y mis carcajadas y mis bromas tontas serán aún más exageradas. Cuando las molestias físicas hayan marchado, viviré eufórica durante unos cuantos días, así que aprovecho para expresar mis más sinceras disculpas a mis amigos si de aquí a unos días empiezo a estar un poco pesada: que sepáis que os obligaré a salir cada noche de casa para hablar y entretenernos hasta bien entrada la madrugada.

