Ojo de mar: Dícese de una charca de agua salada que se encuentra en un valle cercano al mar. Cuando la marea sube el agua del Ojo de mar hace lo propio y se pueden llegar a formar pequeños riachuelos de agua salada en el valle. Como la charca u Ojo de mar está conectada con el mar por un canal natural subterráneo, si algo o alguien cae en esa charca es succionado automáticamente por las corrientes marinas hasta que su cuerpo aparece flotando en el mar.
Los Ojos de mar suelen encontrarse en zonas del norte, como por ejemplo en Cantabria.
Los Ojos de mar suelen encontrarse en zonas del norte, como por ejemplo en Cantabria.
Los Ojos de mar suelen asustar y, por ello, fascinar, a los niños de las aldeas cercanas a ellos. Éstos se aproximan a las charcas de agua salada sólo para observarlas, rodeadas de todos esos arbustos y árboles por los cuales a veces trepan. Los niños se explican historias sobre el poder de los Ojos de mar, como que de vez en cuando se encuentran las vacas que han desaparecido en la costa, absorbidas por la fuerza de la corriente de la charca oscura, pequeña y profunda. Si alguna vez alguien encuentra un Ojo de mar en un valle, se recomienda que ni siquiera toque el agua con la mano porque la fuerza de la corriente es tal que podría absorberle rápidamente, sin tiempo de poder reaccionar.
Advertencia: como creadora de esta definición admito que no tengo ni idea de si el poder de los Ojos de mar es real, pero me gusta pensar que sí, por respeto a las historias que explicaban los niños del pueblo durante los agostos de mi infancia. Y porque cada vez que voy allí me siento como si fuera una señora de setenta años paralizada por los recuerdos, observando de nuevo con ojos de niña su particular y fascinante País de las Maravillas.
Advertencia: como creadora de esta definición admito que no tengo ni idea de si el poder de los Ojos de mar es real, pero me gusta pensar que sí, por respeto a las historias que explicaban los niños del pueblo durante los agostos de mi infancia. Y porque cada vez que voy allí me siento como si fuera una señora de setenta años paralizada por los recuerdos, observando de nuevo con ojos de niña su particular y fascinante País de las Maravillas.
Foto: El Cantábrico, en algún lugar.


